¿Qué hacer con las cenizas de un ser querido?

Dar nuestro último adiós a alguien querido es un trance doloroso y complicado. Pero además de sobreponerse al dolor, cuando somos los responsables de sus restos, hay decisiones que hay que tomar… Y qué hacer con las cenizas de un difunto es una de las principales cuestiones a las que nos enfrentamos cuando se ha optado por la incineración.

Tras la cremación del cuerpo la funeraria nos entregará los restos del fallecido. Qué hacer con las cenizas del ser querido es la siguiente pregunta a la que te enfrentas.

Las opciones son muchas y muy variadas. Pero antes de tomar una decisión o de buscar opciones, lo recomendable es tener en cuenta qué habría deseado el propio fallecido. Podríamos pensar que él o ella ya no está. Pero ten en cuenta que, aunque así sea, si no respetas su voluntad esto pesará sobre tu conciencia.

Si la persona a la que hemos perdido no dejó por escrito qué quería que se hiciese con sus restos, es el momento de atender a las opciones que tenemos. Un sólo consejo más: trata de conciliar los deseos de las personas que amaban al fallecido con la forma de ser y las creencias de éste. Es decir, nuestro ser querido podría desear que esparciesen sus cenizas. Pero si no concretó dónde, sería buena idea hacerlo en un lugar que brinde a sus allegados la posibilidad de visitarlo.

1. Cementerio: depositarlas en un nicho o columbario

Se trata de la opción más tradicional. Y, además, de la única que acepta la Iglesia Católica. Si eres católico practicante o lo era el difunto ésta es sin duda la única opción que congenia con la actual doctrina de la Iglesia, que no acepta el esparcimiento de las cenizas en otro lugar que no sea el camposanto, ni su ubicación en cualquier otro lugar. La institución no está en contra de la incineración como tal -que fue aprobada por el Papa Pablo VI-, pero sí considera el depósito o esparcimiento de los restos fuera de un camposanto como un rito pagano que banaliza la muerte.

Si optas por ubicar los restos de tu ser querido en un cementerio contarás con un lugar al que acudir para visitarlos o para dejar flores u otro presente en fechas señaladas. Algo que debes tener muy en cuenta si optas por esta modalidad es lo que sucederá con los restos dentro de varios años.

Es necesario hacer hincapié en que, a día de hoy, lo normal es que no puedas hacerte con un nicho o columbario para tu ser querido «a perpetuidad». Si no dispones de un panteón familiar es difícil que puedas mantener a los tuyos en el lugar elegido para siempre. Es un hecho que algunos desconocen, pero lo normal es que se pueda «alquilar» este espacio durante un lapso de 10 a 50 años, o como mucho de 100. Dependiendo siempre del cementerio en cuestión y la normativa municipal.

Transcurrido ese tiempo, y si ningún familiar reclama los restos o la renovación de dicho arrendamiento, lo habitual es que se trasladen los restos de tu ser querido a una suerte de «fosa común». Donde descansará a perpetuidad con los restos de muchas otras personas. No así ocurre en algunas hermandades cristianas donde, si se es miembro, cabe la posibilidad de descansar con el resto de hermanos allí enterrados. Aunque las condiciones exactas y el precio del donativo por depositarlo allí varían ostensiblemente dependiendo de cada hermandad, que en última instancia será la custodia de los restos.

2. Plantar un árbol junto a las cenizas

Es una de las opciones clásicas y una de las más elegidas. No sólo porque nos permite enterrar a nuestro ser querido en un lugar que posteriormente podremos visitar, sino porque creamos vida a partir de sus restos.  Algo que no sólo forma parte del proceso de la naturaleza, sino que puede resultar terapéutico.

Las plantas son vida. Y ver como ésta crece de los restos de nuestro ser amado resulta alentador. Además, puede producirse una suerte de identificación entre el árbol y la persona fallecida. Esa planta crecerá y podremos incluso abrazarla o regocijarnos bajo sus ramas.

Por otra parte, se trata de una opción que da lugar a mayor personalización que otras. Podemos mezclar los restos de nuestro ser querido con la semilla de su árbol favorito. Así como plantarlo en algún lugar especial para él. O, sencillamente, en un espacio o terreno que sea propiedad de la familia. Lo que permitirá visitarlos de una forma mucho más privada.

3. Crear un diamante a partir de las cenizas de un ser querido

Quizá una de las opciones más llamativas y novedosas. Se trata de una técnica relativamente reciente, aunque lleva ya varios años en uso y responde a una demanda cada vez mayor. De hecho, ya hay varias compañías que se dedican a realizar este proceso químico que suele durar varias semanas, y por el que la compactación de los restos da como resultado un diamante único e irrepetible.

Básicamente consiste en purificar al máximo las cenizas, extrayendo el carbono de las mismas. Y, a partir de ahí, someterlas a un largo de proceso de altas presiones y temperaturas, hasta que se logra generar el diamante. Una pieza única que posteriormente deberá cortarse y pulirse. Ya sea para engarzarla en una joya o para conservarla tal cual.

Esta técnica también ofrece la posibilidad de cierta personalización, tanto en la forma, tamaño y pureza de la joya resultante, como en su color. Y es que se puede optar por un diamante de color «natural». O bien optar por aportar cierta pigmentación al proceso que le aporte el color deseado y que nos parezca más representativo del ser querido de cuyos restos se ha formado.

Dicen que los diamantes son eternos. Y no hay nada más eterno que el recuerdo de un ser querido que ya no está a tu lado. Por lo que, sin duda, ésta puede ser una buena opción para homenajear y rendir tributo al fallecido. El precio de este proceso parte de cuatro cifras.

4. Guardar una muestra de las cenizas en el interior de una joya

Es una buena forma de llevar a nuestro ser querido siempre con nosotros. Existen infinitas variedades de colgantes y accesorios en los que depositar una pequeña parte de las cenizas de nuestro ser querido. Desde cruces y corazones hasta vírgenes o relojes. Podemos depositar parte de las cenizas resultantes de la cremación del difunto y depositarlas en una de estas joyas para que nos acompañen siempre, a modo de relicario.

Estas joyas suelen venir acompañadas de un pequeño embudo para el depósito de los restos en su interior -un departamento o urna hermética que se cierra posteriormente con una rosca.

Además, esta modalidad de conservación la hace perfectamente compatible con otras opciones. Y es que podemos enterrar, esparcir o guardar en una urna la mayoría de los restos de la cremación, y a la vez destinar una pequeña parte a este fin. Cada vez más personas utilizan esta modalidad, que a su vez suple otra conducta muy habitual tras la pérdida: la de llevar un objeto del fallecido siempre con nosotros para recordarlo y rendirle homenaje. Para sentirlo cerca de nosotros.

5. Fundir cristal junto a las cenizas o mezclarlas con barro para crear una escultura

Dedicar un espacio de nuestro hogar a la persona querida, colocando una escultura que no sólo le represente, sino que a la vez contenga parte de él, es una forma más de rendir homenaje a quienes nos han dejado.

No se distingue en exceso de colocar la urna con las cenizas en un lugar destacado de nuestra casa. Y además da la opción de que sea algo mucho más personal o representativo de la persona a quien amamos y que ya no está con nosotros.

La originalidad de la pieza resultante dependerá del artista y de nosotros mismos, ya que es una técnica que permite infinidad de opciones. Aunque las empresas funerarias que comercializan este tipo de figuras suelen ofrecer opciones ya predefinidas. A las que posteriormente se puede añadir también una placa con el nombre del fallecido o una determinada inscripción de nuestra elección.

6. Mezclar con óleo y pintar un cuadro

Puedes inmortalizar la imagen de tu ser querido utilizando sus propias cenizas. Y es que para muchos es reconfortante recordar la imagen del fallecido y saber que el cuadro que lo representa no sólo muestra su estampa. Si no que, en cierto modo, contiene parte de la persona a quien rinde homenaje. A la par que confiere una obra de arte cuyo valor sentimental puede ser incalculable.

La técnica para crear este tipo de retratos es relativamente sencilla. Consiste en mezclar parte de las cenizas con los pigmentos pertinentes para la elaboración del cuadro. La obra suele realizarse utilizando una fotografía que nosotros aportemos como modelo. Y, como es lógico, también es una opción que se puede personalizar. Pero es muy recomendable conocer de antemano el trabajo del artista para asegurarnos de que el resultado será satisfactorio.

El cuadro no tiene por qué ser un retrato del fallecido. También podemos solicitar que con sus cenizas se elabore una obra que refleje su paisaje favorito. En cualquier caso, se trata de una técnica cada vez más extendida. Aunque no es tan fácil dar con artistas que realicen este tipo de obras y que, además, los resultados congenien con nuestros gustos personales.

7. Esparcir las cenizas en el mar

Es otra de las opciones más recurrentes entre quienes esparcen las cenizas de un ser querido. Y es precisamente porque son muchos los que dejan por escrito que es éste y no otro el lugar en el que quieren que se depositen sus restos. Ya sea en el mar o en un lago, río o pantano.

En este caso, hay que remarcar que en muchos lugares no es legal verter las cenizas en el mar. Y que hay que estar atentos si no queremos enfrentarnos a una dura sanción por infringir las leyes medioambientales.

Precisamente para evitar este tipo de problemas se han diseñado un tipo de urnas que son biodegradables y respetuosas con el medio ambiente. Se pueden lanzar directamente al mar, donde se diluyen junto a las cenizas. Y salvando de esta manera la necesidad de sacar o esparcir a mano las cenizas. Además de evitarnos también la decisión de qué hacer con la urna una vez esparcidas éstas.

8. Depositar las cenizas en el columbario del estadio de fútbol de tu equipo favorito

Algunos clubes deportivos de nuestro país han comenzado a destinar ciertos espacios de sus estadios o instalaciones para que descanses los restos de sus hinchas más acérrimos. Como si de un nicho más del cementerio se tratase, podemos comprar uno de estos columbarios para que nuestro ser querido descanse eternamente en el club de sus amores.

Esta nueva opción no está muy extendida. Y hay que señalar que sólo algunos clubes de nuestro país ofrecen este tipo de servicios. En cualquier caso, y salvando las distancias, se trata de una opción muy similar a la de depositarlas en un camposanto en cuanto a condiciones. Aunque el riesgo de que el estadio del club se traslade o derribe para la construcción de uno nuevo, con el consiguiente traslado de los restos, es mucho mayor que en el caso de un cementerio.

9. Esparcir las cenizas en un viaje en globo

Es otra de las opciones adicionales más llamativas y románticas de las que disponemos. Un «último viaje» con el ser amado en el que podremos esparcir sus restos por el firmamento. De hecho, existen empresas de eventos y servicios funerarios que ya organizan viajes en globo expresamente para este fin.

El único contra de esta opción radica en la necesaria presencia de una persona ajena a la familia o círculo íntimo en el momento de esparcir las cenizas del ser querido. Ya que el responsable de la aeronave estará presente y eso podría restarle cierta intimidad al acto, que es uno de los principales requisitos que muchos buscamos cuando nos despedimos de un ser amado.

10. Enviarlas al espacio

La última y más estrambótica de las opciones que tenemos para esparcir los restos del fallecido: lanzarlas en un cohete a la estratosfera, donde éste explotará y disipará las cenizas. Es también la menos accesible, dado que pocas empresas en el mundo prestan aún este servicio. Aunque sin duda ha captado la atención de muchas personas.

El creador de Star Trek, Gene Rodenberry, fue una de las primeras personas cuyos restos fueron esparcidos de esta forma. Lo hizo la compañía Celestis, que es la pionera en este tipo de servicios. Quienes opten por ella pueden elegir entre cuatro opciones: ida y vuelta a la estratosfera -desde 1.300 dólares-; orbitar la tierra y evaporarse como una estrella fugaz en la reentrada a la atmósfera -rondando los 5.000 dólares-; viaje a la luna, depositando allí los restos -por 12.500 dólares- ; y, por último el «Servicio Voyager», que lleva los restos más allá de la Luna, a los confines del espacio.

10+1. Conservarlas en una urna

La más tradicional de todo el abanico de opciones que nos ofrece la cremación. Depositar los restos del fallecido en una urna funeraria y guardarlas allí. Hay un abanico casi infinito de opciones respecto a este continente, que podemos encontrar con todo tipo de diseños, colores y materiales.

Es importante destacar que, si en el momento del fallecimiento y la cremación del cuerpo no tenemos claro qué hacer con los restos, se trata de la opción a tomar. Conservar las cenizas en una urna, por sencilla que ésta sea, nos permite tomar el tiempo que necesitemos para tomar esta difícil decisión.

Siempre podremos llevarlas al cementerio, repartirlas entre los familiares para que cada uno tome la opción que considere, o convertirlas en uno con la naturaleza. Lo importante, ante todo, es no precipitarse. Y para ello la urna es una de las pocas opciones temporales que nos brindan la oportunidad de tomar una decisión en frío.